Diciembre 27, 2007...3:30 pm
Ingrid Betancourt. Su esposo habría adjuntado un condón por cada una de las 22.000 fotos que habría tirado sobre la Selva.
La derecha dixit:
El reciente libro del periodista Jacques Thomet pone el dedo en la llaga sobre las actuaciones dudosas del gobierno francés y de la izquierda y la prensa de ese país frente al caso de Ingrid Betancourt. En forma hábil, pero profundamente injusta, se ha utilizado el secuestro de Ingrid, delito cometido por las FARC, al cual contribuyó ella misma con su arrogancia e insensatez, contra el gobierno del presidente Uribe de Colombia y contra sus ciudadanos. A los franceses, responsables de la equivocada actitud, se les olvida que esta ciudadana francesa por matrimonio, actuaba como colombiana y no como francesa cuando fue secuestrada. Se empeñó en correr un riesgo en forma irresponsable con lo cual demostró su desconocimiento de la realidad y de la naturaleza de las FARC. Insistió en llegar por tierra a San Vicente del Caguán, a pesar de la advertencia muy clara del Ejército en el sentido de que las FARC todavía controlaban gran parte del área en ese momento. Tal vez Ingrid creyó que era realmente una reencarnación tropical de Juana de Arco.
Pero conviene poner en contexto lo que significan las relaciones de Colombia y Francia. Francia por si sola no es un país demasiado importante para Colombia. Compra relativamente pocos productos colombianos y sus inversiones en nuestro país no son mayores. Como ocurre con otras antiguas metrópolis coloniales, su interés tiende a centrarse en sus antiguas colonias, algunas de las cuales tienen el carácter de territorios de ultramar. No es un país que tradicionalmente podamos llamar “amigo”. Por el contrario, en muchos casos, como el de las exportaciones de banano, es el principal obstáculo para una política más abierta a las exportaciones de nuestra fruta, pues prefiere apoyar a sus territorios caribeños y antiguas colonias, obligando a los ciudadanos de la Unión Europea a consumir banano de inferior calidad y mayor precio. En materia de ayuda extranjera a Colombia, esta es bien reducida, y muchas veces dirigida a los enemigos del Estado, como es el caso de algunas ONG que son fachada de la subversión. En vez de ayuda efectiva, la diplomacia francesa entrega medallas, usualmente la desvalorizada “legión de honor”, a unos cuantos supuestos “intelectuales”. Por supuesto, eso es muy económico. Sólo cuesta una medallita, una cinta, y una recepción con buen vino. Pero lo grave es que la diplomacia de las medallitas funciona. Lagarto condecorado es lagarto callado; no se atreve a criticar a Francia. El embajador francés debe tener una caja llena de medallas para salir de cualquier apuro diplomático. Decir que Francia es un país amigo siempre ha sido una frase vacía, pero antes del caso Ingrid tampoco era enemigo, como parece hoy serlo.
Aunque parece exagerado decir que Francia es un país enemigo, es una inocultable realidad. Y esto, porque a pesar de que Francia como tal no es importante para Colombia, como se ha anotado, sí ejerce una influencia considerable en el seno de la Unión Europea, y ha dirigido esa influencia contra la democracia colombiana. Si por Francia fuera, deberíamos entregar el país completo a las FARC a cambio de la libertad de Ingrid, sin importar para nada la suerte de los otros 4 mil secuestrados que mantienen en “inventario” los grupos terroristas, o lo que suceda, como consecuencia de la liberación de los terroristas presos, a los 44 millones de colombianos. Afortunadamente, poco a poco, los demás países de Europa se han apartado de la posición de Francia. Las revelaciones del libro del periodista Thomet, algunas de ellas simples chismes, pero otras, verdades incontestables, abrirán los ojos a muchos franceses y a muchos otros europeos.
¿Acerca del libro “Ingrid Betancourt, historia de corazón o razón de Estado ? ” de Jacques Thomet. Hugo Doc.
Están los hechos. Hace casi cuatro años, del 23 de febrero del 2002, Ingrid Betancourt fue secuestrada por la guerrilla de las FARC en compañía de su cómplice en política, Clara Rojas, en el momento en que ellas intentaban llegar a la guarida de ésta por carretera a 600 kilómetros al sur de Bogotá: La senadora franco-colombiana estaba en campaña presidencial, en la que Álvaro Uribe sucedió a Andrés Pastrana. La última prueba de vida de la candidata fue un vídeo difundido por la guerrilla y que data del 31 de agosto del 2003.
Y lo que va por debajo de los hechos que Jacques Thomet, director de la agencia AFP en Bogotá de 1.999 al 2.004, quiere dar a conocer a “las gentes burladas por la propaganda y el poder de engaño de las élites que manipulan la información” en Francia. Él nos lo dirá todo de un asunto que “revienta prioritariamente intimidades con todos sus encajes, y obedece a conflictos de intereses personales en detrimento de la razón de Estado y de los dineros públicos”.
Empieza derrocando la estatua. Ingrid Betancourt no es una Juana de Arco colombiana, escribe el autor, quien le hace un retrato más bien rudo, de burguesa juerguista que se precia de política. Repite a menudo que ella “sólo es francesa por casamiento”, como si esta nacionalidad no valiera gran cosa. Por el contrario, recuerda justamente que los colombianos quedaron atónitos , luego irritados, porque el libro de Betancourt “La Rage au coeur”, se vendía tan bien en Francia cuando nadie, hasta ese momento, se había interesado en la suerte de un pueblo que vive la guerra civil día a día. Tres mil colombianos, quizás más, están secuestrados actualmente por la guerrilla y los paramilitares.
La tesis de Thomet es que París por motivos « de corazón” ha sobre reaccionado al secuestro de Ingrid a la par que tomaba iniciativas peligrosas, sin avisar de ello a Bogotá. La torpeza y la arrogancia francesa, asegura, no han hecho más que prolongar la detención de la rehén. El autor la “impericia” de los franceses por su intervención en este caso de la pareja Dominique de Villepin, entonces Ministro de Exteriores y de Daniel Parfait, ex embajador de Francia en Colombia. Le premier compartió los años mozos con Ingrid y su hermana Astrid en París, a principios de los 80, el segundo habría caído bajo el encanto de Astrid en Bogotá… Ingrid sería, por estos mismos lazos privilegiados una rehén mejor defendida que otros, particularmente la franco-colombiana Aída Duvaltier de quien acaban de confirmar su muerte (Libération 14 février). Quizá. Nos limitaremos a recordar que sin el caso Betancourt y la publicidad que se le ha dado, no se hablaría en absoluto, quizás, de los rehenes colombianos.
http://www.farcep.org/?node=7,402,1,16
Su investigación es verdaderamente interesante cuando repite la rocambolesca y vana tentativa de recuperación de la rehén en la selva brasileña, en julio del 2.003 o cuando se centra en los yerros de la diplomacia francesa en Colombia.
Jacques Thomet conoce bien el país y su libro es un hervidero de informaciones. De tal perito, de tal fustigador de propaganda, uno hubiera esperado un tono más equilibrado y sobre todo un retrato menos convencional del presidente Uribe: ahora bien, en cuanto atañe “al ídolo de los colombianos” solo trata de éxitos y de pormenores que alimentan el mito de un jefe muy trabajador y consumidor de gotas homeopáticas. Ni una palabra siquiera, sin embargo, en cuanto a su dudosa indulgencia para con los paramilitares. ¿Los que empañan su imagen? .Unas ONG de “obediencia estaliniana”. Idéntico pudor en el controvertido plan de erradicación de la coca de parte de Estados Unidos, llamado Plan Colombia y evocado de paso, en un capítulo acerca de los mercados de venta de armas, perdidos por Francia debido a su posición en el caso Betancourt. Por estar escuchando tanto a los colombianos, quienes, verdad es decirlo, apoyan ampliamente la política dura de su Presidente, el periodista introduce, a veces, más pasión que oficio al cuando defiende el punto de vista de ellos.
















1 Comment
Diciembre 27, 2007 at 7:58 pm
Simplemente SUPREMO!!!
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